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Vivir en una ciudad con contaminación no es fácil. El smog, las partículas de polvo, los ácidos que están presentes en el aire y la luz ultravioleta son fenómenos que afectan nuestra salud en general y la de nuestros ojos de igual manera.

 

En nuestros ojos, la contaminación afecta directamente la composición de la película lagrimal, cuya función es mantener la transparencia de las capas oculares que logran formar las imágenes de manera correcta, impidiendo la aparición de problemas refractivos. También ayuda a evitar la resequedad del ojo al contacto con el ambiente.

 

En una ciudad donde los índices de contaminación aumentan particularmente en invierno y nuestros ojos están expuestos, la función del ojo se altera, provocando resequedad. Como resultado de este contacto, la persona puede comenzar a sentir molestias, y como consecuencia, frotarse los ojos arrastrando más partículas sucias a su interior, empeorando la irritación.

 

¿Cómo podemos defender nuestros ojos del ambiente contaminado en el que vivimos?

-En primer lugar, hay que proteger nuestros ojos de la luz ultravioleta con anteojos de sol de buena calidad (aunque el día esté nublado).

-Utiliza lágrimas artificiales para limpiar el ojo y barrer los contaminantes que se encuentran en la superficie de los ojos.

-Si sientes picazón intensa, intenta no restregar tus ojos, ya que puede ser dañino para la visión.

-Visita a un oftalmólogo, que seguramente te recetará gotas antialérgicas tópicas.

 

El cuidado de nuestros ojos durante todo el año es muy importante, recuerda que la salud visual es esencial para mantener el bienestar en nuestra vida y la de los que nos rodean.

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